Review de “A través de la Ventana” de Jane Goodall. Parte III: ¿El animal más violento del mundo?

Seguramente habréis visto en algunos documentales que los chimpancés  son bastante agresivos en sus demostraciones de poder. De acuerdo con «A través de la ventana», las exhibiciones de estos animales son a menudo violentas, sus sociedades son jerárquicas y en ellas todos los machos deben dominar a cada una de las hembras, son terriblemente xenófobos y sus actos sexuales a menudo son violentos e implican golpear a las hembras para que se sometan y copulen. 

¿Es el chimpancé el animal más violento del planeta?

Una vez terminé de leer la historia de la anterior sobre el infanticidio y el canibalismo, no os voy a mentir, pensé «¿Podrían ser los chimpancés los animales del planeta más susceptibles a comportase de forma violenta”. Me explico. En mi cabeza, el ser humano se encontraría a \»mitad de camino\» entre un chimpancé y un bonobo. Para aquellos que no conozcáis a los Bonobos, os resumiré que casi todos sus conflictos los resuelven con sexo. Pues bien, los humanos para evitar hacer lo mismo que los chimpancés inventan una cosa llamada vivir en sociedad, que implica una serie de normas que evitan que nos matemos los unos a los otros. Vamos, que aunque muchos humanos resuelvan sus peleas a garrotazos o apasionadamente en la cama, la mayoría tratamos de encontrar un punto medio entre la indiferencia y la tolerancia.

Robert Sapolsky nos habla sobre la naturaleza humana. ¿Qué nos hace biológicamente los peores y los mejores al mismo tiempo?

Pues bueno, tras de leer la historia de Passion y su hija, yo habría afirmado rotundamente: «Sí, el chimpancé es mucho más susceptible a ser violento que el ser humano”. ¡Ay de mí como me equivoqué! Solo hizo falta avanzar un par de capítulos hasta llegar a «Para vergüenza nuestra”. Obviando todas las crueldades que nos nos hacemos entre nosotros sin razón alguna, no tiene nombre, ni explicación, ni siquiera sentido, la brutalidad cometida por parte de la humanidad contra estos seres tan sumamente inteligentes. Hemos reducido sus bosques a la nada y los hemos confinado en reservas o zoológicos. Los cazamos, los apartamos de su hogar para usarlos como animales de compañía o para experimentar con ellos. Un animal no humano que es capaz de comunicarse en lengua de signos con nosotros, que tiene una vida social tan rica, que necesita a su familia, que necesita sentirse amado y aceptado por un grupo, no puede pasar treinta años en soledad en una pequeña caja con barrotes, no mucho más grande que un transportín para mascotas. En este capítulo, Jane Goodall nos relata como visitó algunos centros de investigación en los que se experimentaba con ellos y nos cuenta como difieren estos animales de aquellos que ella observó durante tanto tiempo en libertad, el miedo que expresaban con su cuerpo y con sus ojos, en el mejor de los casos, y sus miradas vacías en aquellos que ya estaban rotos, en el peor. La Dra. Goodall relata como un chimpancé con el que habían experimentado con drogas, antes de ser trasladado a una caja, le entregó la jeringa vacía de un dardo somnífero. Una vez Jane se encontraba sosteniendo la jeringa, el chimpancé tomó su mano y se la acercó a su brazo, pidiendo otra «inyección». Jane nos cuenta la amargura e impotencia que sintió cuando este chimpancé actuó como un drogadicto buscando «otro chute». Y sí, es verdad que los seres humanos tratamos de ser la mayoría del tiempo, eso, humanos, pero otras veces nos deshacemos de nuestra humanidad como si de un traje se tratara y cometemos actos tan atroces que a las chimpancés infanticidas caníbales de Kasakela provocarían pesadillas. Sin embargo, también es cierto que de acuerdo con Robert Sapolsky, los seres humanos también somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos y que, en palabras de la Dra. Goodall:

«Los seres humanos son más compasivos. En el caso del chimpancé se puede ver la compasión entre la madre y su cría, pero rara vez se halla en algún otro aspecto. La compasión es una característica muy humana.

Jane Goodall en un entrevista para WWF News (Fondo Mundial para la Vida Silvestre)

En definitiva, creo sin lugar a dudas que «A través de la ventana” es una obra de un valor incalculable que nadie debería perderse, sobre todo si estás interesado en aprender más sobre primatología o inteligencia animal, cómo es mi caso. Este libro ofrece en cada uno de sus capítulos la perspectiva de una persona que ha pasado toda su vida observando y tratando de comprender a los chimpancés en todas sus facetas, tanto en los momentos más cruentos, como en los remansos de paz y tranquilidad a la sombra de una higuera. Y es que los chimpancés son justo eso,  animales, tal y cómo nosotros: complejos, sociales, agresivos, familiares, inspiradores y sobre todo únicos.  Me gustaría terminar con uno de  mis fragmentos favoritos de este libro:

«Me sentía abrumada pensando en esta terrible imagen , en la magnitud de nuestro pecado contra la naturaleza, contra las criaturas compañeras nuestras. ¿Cómo podría yo —o cualquiera— justificar tan vasta e insensata destrucción? Un higo cayó a mi lado, sorprendiéndome. Fifi bajó del árbol y se tumbó cerca de mí, completamente satisfecha. Aquí al menos, había perfecta confianza entre humanos y animales, perfecta armonía entre las criaturas y su entorno salvaje. Faustino, andando a trompicones, se me acercó y, con los ojos abiertos de par en par me miró, alargó su mano para tocar la mía y luego volvió con Fifi. Confianza. Y libertad. Pensé en los incontables chimpancés que han perdido sus viviendas arbóreas y en los que permanecen prisioneros en zoológicos y laboratorios de todo el mundo. Recordé la historia de Old Man y cómo había respondido a la necesidad de un amigo humano. En mí estalló el deseo de luchar, de batallar contra un amargo final. Los chimpancés necesitan ahora más ayuda que nunca y sólo podemos dársela si cada uno de nosotros aporta su granito de arena sin importar lo pequeño que pueda parecer. Si no lo hacemos así no sólo perjudicaremos a los chimpancés, sino también a nuestra propia humanidad. Y nunca debemos olvidar que, por insuperables que parezcan los problemas ambientales del mundo, si todos juntos nos esforzamos se nos dará la oportunidad del gran cambio. Evered, Freud y Frodo bajaron y, con Fifi y Faustino, se fueron hacia la paz del bosque. Los miré partir; luego volví la vista atrás. Y allí donde brillaba el sol a través de una ventana de la densa vegetación, un arco iris apareció al pie de la cascada.»

Jane Goodall, 1990. A través de la Ventana: Treinta años estudiando a los chimpancés
«Un remanso de paz»
De regreso en el bosque para «reconfortar el espíritu», Jane disfruta de la compañía de Pax, que levanta el brazo para que su hermano Prof lo acicale. «Cuando ahora estoy sola en Gombe, me resulta fácil revivir lo que sentía a los 26 años, cuando todo era nuevo –asegura–. Aquí todavía hay una fuerza espiritual. Puedo respirarla.»

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