Review de “A través de la Ventana” de Jane Goodall. Parte II: Un acto atroz

Hoy os voy a contar una historia de terror como continuación de esta review en tres partes del libro «A través de la Ventana» de Jane Goodall que, recordemos, celebra hoy 60 años desde que la Dra. Goodall pisara por primera vez Gombe. Comienzo a narraros entonces uno de los eventos más escalofriantes y cruentos que tuvo lugar en la comunidad de chimpancés Kasakela.

Un acto atroz

En los años 70, los investigadores observaron que varias de las hembras de chimpancé del parque nacional de Gombe comenzaron a perder, literalmente, a sus crías. A menudo, estas hembras se alejaban del grupo y de la atenta mirada de los trabajadores para ir a algún otro lugar, un comportamiento nada fuera de lo normal. El problema es que muchas de las hembras comenzaron a regresar sin sus crías. Los investigadores pensaban que los bebés habían fallecido durante el tiempo que las hembras habían estado fuera y que las madres habrían abandonado los cuerpos de sus pequeños en la selva, donde sería muy difícil que el equipo pudiera localizarlos. La cuestión es que esas crías no se encontraban enfermas ni se había observado ningún síntoma de enfermedad, entonces ¿qué estaba pasando con los recién nacidos?

Un día, una de las hembras de la comunidad de Kasakela se encontraba sola con su cría en mitad de la selva pero esta vez, debido a la creciente preocupación por estos sucesos, los investigadores del Parque la siguieron. La madre se encontraba plácidamente con su bebé recién nacido en brazos, cuando otros chimpancés aparecieron. Eran dos hembras de su misma comunidad y la mayor de ellas Passion, era la madre de la que le acompañaba, Pom. Sin que tuviera tiempo de reaccionar, Passion y su hija comenzaron a golpear y morder a la madre con su cría. Entonces, una de ellas arrebató al bebé recién nacido de los brazos de la víctima. El ataque cesó y alejándose tan solo a unos metros de la madre…bueno, ya os imagináis lo que pasó. Un solo mordisco fue suficiente para desgarrar a la cría ante los impotentes ojos de su madre que no hacía más que gritar hacia las hembras atacantes. Una vez empezaron a compartir la carne, la madre abandonó el lugar, todavía profiriendo llantos de lamento por la muerte de su pequeño.

Este comportamiento fue repetido por las mismas hembras hasta en cuatro ocasiones y en una de ellas hasta la mismísima Jane Goodall estuvo a punto de intervenir, pero en este caso la víctima con su cría se encontraba cerca de un grupo de machos que la protegieron a ella y a bebé de los ataques de Passion y su hija. Este primer caso observado de infanticidio y canibalismo dentro de una misma comunidad de chimpancés llegó a su fin cuando Passion quedó de nuevo embarazada. Con el tiempo todo volvió a la normalidad, pero años más tarde tras la muerte de Passion, su hija tuvo que emigrar a otra comunidad ya que nunca más fue acepta por la comunidad de Kasakela.

¿Qué dice la ciencia al respecto?

Podría dejaros con un buen sabor de boca y deciros que con la muerte de Passion, ninguna otra madre de Kasakela volverá a perder a su cría de esta horrible forma, pero me temo que sería una mentira piadosa. En 2007, investigadores de la Universidad de St. Andrews concluyeron que el infanticidio se trata de un comportamiento habitual en esta especie, en especial en las hembras, y que posiblemente esté ocasionado por un desequilibrio en el balance entre sexos. Por lo tanto, la incorporación de nuevas hembras a una comunidad podría causar una competición con las hembras residentes, ocasionando la muerte y en este caso, también el canibalismo de las crías de las recién llegadas.  Se desconocen las razones socio-ecológicas específicas que pueden llegar a desencadenar este comportamiento,  pero una cosa es segura, la comunidad de chimpancés de Kasakela nunca olivará los horrendos crímenes cometidos por Passion y Pom.

«Passion»
La inusual conducta de Passion, madre insensible e indiferente, dio un giro radical.

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